I
Color yelo
Contrabando de virtudes son el camino de tus ojos
Descripción capicùa la geometría perfecta del círculo polar que son tus ojos de cristal.
Mansedumbre
Conspiración
Arrebato
Un hielo
Asi el holograma fraterno de tus ojos de metal.
Color yelo
Contrabando de virtudes son el camino de tus ojos
Descripción capicùa la geometría perfecta del círculo polar que son tus ojos de cristal.
Mansedumbre
Conspiración
Arrebato
Un hielo
Asi el holograma fraterno de tus ojos de metal.
Se me ocurre la masmorra como castigo de mis celos, conspiradores de futuros sin gestar.
Se me ocurre un exilio en forma de espiral donde quepa en un sólo universo nuestra historia.
Se me ocurre que tu nombre se le de a alguna enfermedad del mal de amor.
Se me ocurre calcinarte con el fuego de mis celos.
Se trata de la polaridad de la búsqueda perpetua.
Del que encuentre la fascinaciòn en la paja que cubre a la aguja en el pajar.
Del que comprenda los amaneceres.
Del que encuentre la belleza en el caos.
Del que tiene ojos y corazòn de ocèano.
De ese que también esté en la búsqueda.
Yo te defino a miradas y te sobre entiendo de no contacto.
Me sorprendo de claridades en las palabras de tus ojos.
Me reinvento en tus sonrisas, arquetipos de mi niñez los ojos tuyos.
Se bifurca la atenciòn de los ojos a tu voz.
Se concede crònica y rumor al murmullo de tus ojos.
Tu nombre se sueña de noche.
Con tu encanto se colapsa el supermercado.
La brisa del mar me coloca en descripción física imposible.
El Ufano y diáfano me disloca de la contemplación.
Y los ángeles caídos que renunciaron a su dios por estar aquí.
Era uno de esos días en que no habìa escapatoria que las puertas se cerraron y nada nos salva porque la palabra ya no encubre y el silencio nos revela.
Con el caos cubierto de belleza, era uno de esos días perfectos, a los que ni las ausencias les dolían.
La vie en rose Play now
Estaba la conjuga de tu lengua/ ensimismada en el continente de mi cuerpo.
Estaba la conjuga de mis piernas y el abrazo material/ te hizo suceder dentro de mi.
A Serge
Por Zita Grapp
El tinto, las velas y el sol amanecido contaban una historia adormecida.
Entre el aroma, el frío, el amor y el cuidado cobijado entre mantas alusivas a la música, al blues, y mis piernas ligeras que a modo de metáfora corporal te abrazaron con potencia de lenguas. La cara nuestra menguaba
El amanecer se augura detrás del frio que enrreda el resto de mi cuerpo a ti.
Me atribuías fatalidad y sólo fui una caricia, una brisa de ternura, lo de siempre.
Ya entrados en miradas fue que te pedí perdón: “perdón por la ternura, que de fatalidad ya nada tengo, perdona que haya roto tu idea” y al oido sua-ve-ci-to dije:
“Lamento tanto el homicidio…”
…mientras clavaba mis dientes de vampira en tu cuello y así, mi lengua repasaba los contornos de tus dedos.
Para què contener el grito, entre espasmos de cautela represiòn y miedo.
No se contiene nada, el grito de forma invariable grita, se revuelca entre movimientos sìsmicos de expresiòn.